"Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, es una de las frases más célebres del Evangelio. Recordemos la escena. Los maestros de la Ley y los jefes de los sacerdotes, querían acabar con Jesús, pues éste no hacía más que dejarlos en evidencia ante el Pueblo y recriminarles su mal proceder. Unos versículos antes Jesús había contado la parábola de los labradores homicidas, y habían comprendido que las palabras de Jesús iba por ellos. Por eso decidieron enviarles a unos con una pregunta trampa para tener de qué acusarlo ante el gobernador romano. La malicia de éstos queda patente por la zalamería con que comienzan su pregunta. ¿Se puede ser más cínico y retorcido? -Maestro, sabemos que todo lo que dices y enseñas es correcto y que no juzgas a nadie por las apariencias, sino que enseñas con toda verdad lo que Dios quiere... ¡Qué hipócritas! Si creyeran lo que acababan de decir, no intentarían engañar a Jesús con su pregunta. Esto nos tiene que poner sobre aviso de aquellos que con lisonjas y cumplidos buscan hacernos daño. No permitamos las adulaciones, pues lo único que pueden hacernos es que nos aumente la vanidad y la soberbia. Sean o no sean ciertas, el único que merece nuestra alabanza es Dios, sólo El es bueno. Cuidemonos de los que vienen a nosotros con piel de cordero pero pueden ser lobos rapaces disfrazados. No todo el que nos alaba puede tener una intención recta hacia nosotros. La mayoría de las veces es para buscar el congraciarse con nosotros, o para pedirnos luego algún favor, o para ocultar alguna cosa inconfesable, como en el caso que nos ocupa. Los enviados de los maestros de la ley y de los jefes de los sacerdotes, comienzan con unas palabras aduladoras, que sin embargo son verdad en el caso de Jesús. Todo lo que ellos dicen es cierto, pero su intención a pesar de ello es torcida, buscan perder al Señor. Le dicen: nosotros los judíos, ¿estamos o no estamos obligados a pagar el tributo al emperador romano? El evangelista tiene cuidado en remarcar que el Señor es plenamente consciente de su trampa. Jesús, dándose cuenta de la mala intención que había en ellos. Jesús, les pide entonces que le muestren la moneda del tributo. Y les pregunta: ¿De quién es este rostro y esta inscripción? Ellos le dicen que del césar. Y es entonces cuando Jesús contesta con la conocida frase: Dad al césar lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios. Ellos enmudecieron y quedaron estupefactos por su sabiduría. Los cazadores han resultado ser los cazados por el Señor, pues no sólo no han podido cogerle en ninguna afirmación contraria al emperador o al Pueblo, sino que además Jesús les ha manifestado su pecado. Ellos no estaban dando a Dios aquello que es de Dios. Aprendamos del Señor a no dejarnos atrapar por la adulación de los demás, ni caigamos nosotros en ello, y sobre todo cumplamos con nuestras obligaciones como ciudadanos, dando al césar lo que es del césar, y como creyentes, con nuestros deberes hacia Dios. P. Alonso"Más allá de las palabras, está el silencio. Más allá del silencio, se haya el Conocimiento.
lunes, 7 de marzo de 2011
DAD AL CÉSAR LO QUE ES DEL CÉSAR
"Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, es una de las frases más célebres del Evangelio. Recordemos la escena. Los maestros de la Ley y los jefes de los sacerdotes, querían acabar con Jesús, pues éste no hacía más que dejarlos en evidencia ante el Pueblo y recriminarles su mal proceder. Unos versículos antes Jesús había contado la parábola de los labradores homicidas, y habían comprendido que las palabras de Jesús iba por ellos. Por eso decidieron enviarles a unos con una pregunta trampa para tener de qué acusarlo ante el gobernador romano. La malicia de éstos queda patente por la zalamería con que comienzan su pregunta. ¿Se puede ser más cínico y retorcido? -Maestro, sabemos que todo lo que dices y enseñas es correcto y que no juzgas a nadie por las apariencias, sino que enseñas con toda verdad lo que Dios quiere... ¡Qué hipócritas! Si creyeran lo que acababan de decir, no intentarían engañar a Jesús con su pregunta. Esto nos tiene que poner sobre aviso de aquellos que con lisonjas y cumplidos buscan hacernos daño. No permitamos las adulaciones, pues lo único que pueden hacernos es que nos aumente la vanidad y la soberbia. Sean o no sean ciertas, el único que merece nuestra alabanza es Dios, sólo El es bueno. Cuidemonos de los que vienen a nosotros con piel de cordero pero pueden ser lobos rapaces disfrazados. No todo el que nos alaba puede tener una intención recta hacia nosotros. La mayoría de las veces es para buscar el congraciarse con nosotros, o para pedirnos luego algún favor, o para ocultar alguna cosa inconfesable, como en el caso que nos ocupa. Los enviados de los maestros de la ley y de los jefes de los sacerdotes, comienzan con unas palabras aduladoras, que sin embargo son verdad en el caso de Jesús. Todo lo que ellos dicen es cierto, pero su intención a pesar de ello es torcida, buscan perder al Señor. Le dicen: nosotros los judíos, ¿estamos o no estamos obligados a pagar el tributo al emperador romano? El evangelista tiene cuidado en remarcar que el Señor es plenamente consciente de su trampa. Jesús, dándose cuenta de la mala intención que había en ellos. Jesús, les pide entonces que le muestren la moneda del tributo. Y les pregunta: ¿De quién es este rostro y esta inscripción? Ellos le dicen que del césar. Y es entonces cuando Jesús contesta con la conocida frase: Dad al césar lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios. Ellos enmudecieron y quedaron estupefactos por su sabiduría. Los cazadores han resultado ser los cazados por el Señor, pues no sólo no han podido cogerle en ninguna afirmación contraria al emperador o al Pueblo, sino que además Jesús les ha manifestado su pecado. Ellos no estaban dando a Dios aquello que es de Dios. Aprendamos del Señor a no dejarnos atrapar por la adulación de los demás, ni caigamos nosotros en ello, y sobre todo cumplamos con nuestras obligaciones como ciudadanos, dando al césar lo que es del césar, y como creyentes, con nuestros deberes hacia Dios. P. Alonso"
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