"Aunque es algo que ya hemos meditado y se nos ha predicado en innumerables ocasiones, no deja de admirarme el pensar que Dios, siendo el Creador de todo el Universo, se haya encarnado en un niño recién nacido. Aquel que ni el cosmos puede contener, se deja limitar por nuestra carne. El que es Eterno e Inmortal, se somete al tiempo y a la finitud. El que es Omnipotente se hace débil. El Señor de todo se hace esclavo. El que todo lo posee se hace pobre. ¿No os maravilla pensar cuánto nos ama Dios para hacer todo eso por sus criaturas? Me pasma el pensar que Dios, que no necesita de nada ni de nadie, se someta a nuestra condición humana sólo por amor nuestro. Es algo incomprensible para nuestra razón, sin embargo es lo que nuestra fe nos transmite de generación en generación: Tanto amó Dios al mundo que nos entregó a su único Hijo para que el mundo se salve por él. Desde toda la eternidad, antes de que existiera el Universo, ya existía Dios, desde siempre y para siempre. Y cada ser humano existía ya en la mente de Dios, porque para él toda la eternidad es un presente. Y no sólo eso, sino que desde siempre y por siempre, Dios nos ama y nos lleva en su corazón, pues de no ser así, no existiríamos. Y todavía más sorprendente, es que Dios nos adopte como hijos suyos en su Hijo. Que por amor nuestro y por nuestra salvación, bajó del cielo y se hizo hombre sin dejar de ser Dios. Se hizo niño para que no tuviéramos miedo de él. En todo semejante a nosotros para que nos acercásemos confiados y pudiésemos verlo y comprenderlo. ¡Dios se hizo ternura! ¡Qué bueno es Dios! Y quiso pasar por tantas penalidades y sufrimientos por tí y por mí. Nació pobre y desvalido en Belén, en medio de un establo. Se hizo fugitivo y emigrante por tí y por mí. Trabajó, sudó, se fatigó, pasó frío y calor, durmió, aprendió, rezó, enfermó, jugó, lloró, comió, creció, rió, ..., por tí y por mí. Como un niño cualquiera, como un hombre más. Luego su vida pública, su predicación, sus milagros, ..., y también sus sufrimientos, la incomprensión de los suyos, la persecución por parte de las autoridades de su pueblo, la traición de su amigo, el abandono de sus discípulos, su agonía en Getsemaní, su Pasión toda, por tí y por mí. Y finalmente su muerte en la cruz, tan amarga y dolorosísima, por tí y por mí. Y también, su gloriosa resurrección y sus hechos y apariciones hasta el momento de su ascensión a los cielos, por tí y por mí. Por eso el Apóstol exclamaba: me amó y se entregó por mí. Y es verdad. ¿No te conmueve el amor de Dios por tí? A mí me deja descolocado y maravillado. Piensa en tu oración estas cosas, meditalas en tu corazón, dale vueltas y verás qué abismo de misericordia ha tenido Dios con sus criaturas, ha tenido contigo. Piensa la locura de amor que ha movido a Dios para hacer tanto por tí y déjate enamorar por él." P. AlonsoMás allá de las palabras, está el silencio. Más allá del silencio, se haya el Conocimiento.
martes, 3 de enero de 2012
UN DIOS QUE SE HACE NIÑO
"Aunque es algo que ya hemos meditado y se nos ha predicado en innumerables ocasiones, no deja de admirarme el pensar que Dios, siendo el Creador de todo el Universo, se haya encarnado en un niño recién nacido. Aquel que ni el cosmos puede contener, se deja limitar por nuestra carne. El que es Eterno e Inmortal, se somete al tiempo y a la finitud. El que es Omnipotente se hace débil. El Señor de todo se hace esclavo. El que todo lo posee se hace pobre. ¿No os maravilla pensar cuánto nos ama Dios para hacer todo eso por sus criaturas? Me pasma el pensar que Dios, que no necesita de nada ni de nadie, se someta a nuestra condición humana sólo por amor nuestro. Es algo incomprensible para nuestra razón, sin embargo es lo que nuestra fe nos transmite de generación en generación: Tanto amó Dios al mundo que nos entregó a su único Hijo para que el mundo se salve por él. Desde toda la eternidad, antes de que existiera el Universo, ya existía Dios, desde siempre y para siempre. Y cada ser humano existía ya en la mente de Dios, porque para él toda la eternidad es un presente. Y no sólo eso, sino que desde siempre y por siempre, Dios nos ama y nos lleva en su corazón, pues de no ser así, no existiríamos. Y todavía más sorprendente, es que Dios nos adopte como hijos suyos en su Hijo. Que por amor nuestro y por nuestra salvación, bajó del cielo y se hizo hombre sin dejar de ser Dios. Se hizo niño para que no tuviéramos miedo de él. En todo semejante a nosotros para que nos acercásemos confiados y pudiésemos verlo y comprenderlo. ¡Dios se hizo ternura! ¡Qué bueno es Dios! Y quiso pasar por tantas penalidades y sufrimientos por tí y por mí. Nació pobre y desvalido en Belén, en medio de un establo. Se hizo fugitivo y emigrante por tí y por mí. Trabajó, sudó, se fatigó, pasó frío y calor, durmió, aprendió, rezó, enfermó, jugó, lloró, comió, creció, rió, ..., por tí y por mí. Como un niño cualquiera, como un hombre más. Luego su vida pública, su predicación, sus milagros, ..., y también sus sufrimientos, la incomprensión de los suyos, la persecución por parte de las autoridades de su pueblo, la traición de su amigo, el abandono de sus discípulos, su agonía en Getsemaní, su Pasión toda, por tí y por mí. Y finalmente su muerte en la cruz, tan amarga y dolorosísima, por tí y por mí. Y también, su gloriosa resurrección y sus hechos y apariciones hasta el momento de su ascensión a los cielos, por tí y por mí. Por eso el Apóstol exclamaba: me amó y se entregó por mí. Y es verdad. ¿No te conmueve el amor de Dios por tí? A mí me deja descolocado y maravillado. Piensa en tu oración estas cosas, meditalas en tu corazón, dale vueltas y verás qué abismo de misericordia ha tenido Dios con sus criaturas, ha tenido contigo. Piensa la locura de amor que ha movido a Dios para hacer tanto por tí y déjate enamorar por él." P. Alonso
Etiquetas:
El pensamiento de cada día
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada