DAR LOS FRUTOS A SUS TIEMPOS


El Señor en el Evangelio, a través de la parábola de los viñadores homicidas, pone al descubierto las intenciones que ocultaban los corazones de aquellos dirigentes del pueblo de Israel; Jesús es el hijo del dueño de la viña que es muerto por los viñadores fuera de ella con el oscuro deseo de quedarse con la herencia. Los dirigentes del pueblo, sumos sacerdotes, los ancianos, los escribas y los fariseos, son los viñadores homicidas. Ellos lo entendieron perfectamente y por eso buscaban echar mano de Jesús, pero como temían al pueblo, esperaron una ocasión más propicia. El Señor les dirige esta parábola para que recapaciten y se conviertan de su mala fe. Pero ellos, lejos de reconocer su pecado, se sienten mucho más dolidos que antes por las palabras de Jesús. La soberbia ciega nuestros corazones y nos aparta de la misericordia de Dios. Cuántas veces la Iglesia nos amonesta para que nos convirtamos al Señor y nosotros, sin embargo, lejos de hacerlo, la atacamos dolidos, enfadados, ácidamente, a veces sin piedad, pensando que con el "y tú más" nuestros pecados desaparecen.  Cuando un padre o una madre corrige a sus hijos no es porque no les quiera, al contrario, es precisamente porque les ama y desea lo mejor para ellos. Quieren que sean buenos, honrados, trabajadores, sinceros, etc... Y Dios, que es Padre, también nos corrige y nos llama a la conversión porque nos quiere santos. La Iglesia que es Madre, también desea lo mejor para sus hijos. El pueblo de Israel no entendió en ocasiones esta pedagogía de Dios y mató, despreció y persiguió, a los Profetas y enviados de Dios para conducirles por el buen camino. ¿Y tú? ¿Aceptas la corrección de Dios y la llamada a la conversión que en este tiempo te hace la Iglesia? No mates al mensajero como aquellos viñadores homicidas que no quisieron dar los frutos que debían al dueño de la viña. Dios te pide en este tiempo los frutos de la conversión, dáselos en abundancia.

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